lunes, 30 de noviembre de 2015

AUTOBIOGRAFÍA

"Todos tenemos derecho a una vida extraordinaria"
Benito Taibo.
            Me llamo Hannia Karyna Blanco Cruz y mi historia, aunque nací el 25 de febrero del año 1999 no empieza ahí sino un par de años antes cuando mis padres se conocieron. No puedo ser verídica en esta parte puesto que no estuve ahí, ni mucho menos están las personas involucradas para contarme como pasó, pero lo poco que sé lo voy a contar.
            Un par de años antes de que esta hermosa niña naciera (sí, hermosa niña) mi papá Margarito Blanco Ramírez vivía junto a Plaza Cristal y mi mamá Julissa Guadalupe Cruz Olguin en la Nicolás Bravo, pero trabajaban en la ferretería que está en Independencia Oriente (cerca de donde vive mi papá). MI mamá era una mujer muy organizada, inteligente y muy fuerte, que aunque no estudió completamente contabilidad llevaba las cuentas del lugar y también el inventario, todo perfectamente establecido, ella recibía los paquetes que llegaban pesaran lo que pesaran, se ponía su faja y como cualquier otro trabajador, cuando llegó mi papá ahí se enamoraron. Todos felices y contentos, mi mamá seguía haciendo sus actividades, con una “diarrea canija” que le provocaba un dolor de estómago un poco raro, que como buena mexicana se trataba con remedios de mi abuela, hasta que llegó el momento en que no soportaba la molestia. Fue al médico, y este feliz aunque un poco sorprendido le dijo “Felicidades, tiene usted 5 meses de embarazo” ¡Embarazo! ¡5 meses! Y no se había dado cuenta, y como hacerlo si sigues teniendo el periodo aunque con un malestar estomacal un poco estresante… Después de eso, mis padres de juntaron (no casaron) y fueron a vivir a la Nicolás Bravo, en el segundo piso de la casa de mis abuelos maternos.
            Faltando días para mi tan esperada llegada mis padres que una tarde estaban viendo un documental sobre las profecías de Nostradamus y además en ese año decían que se iba a acabar el mundo, surgió de mi mamá el comentario “Ay, qué será de mi niña si se va a cavar el mundo ¿y si no nace?” justo momentos antes de que le empezaran las contracciones y el típico “¡Vámonos al hospital!” de un papá que no sabe que exactamente hacer ahí.
            Y así, ese día en el que los rumores anunciaban el fin del mundo, nacía uno llamado Hannia Karyna Blanco Cruz a las cuatro de la tarde en el IMSS.
            Fui creciendo, y con ello las fotos ¡mi mamá amaba las fotos! Tengo en la cuna, dibujando, comiendo, bañándome, vistiéndome, y la típica foto encueradita, pero también una con traje de baño posando encima de la mesa como buena niña de comercial.
            Tenía un año cuando a mi abuelo Maurilio (materno) se le ocurrió darme pulque, ¡no lo hubiera hecho! Me enfermé, tan gravemente que dudaban que sobreviviera. Enflaqué, deje de comer y una diarrea (vaya coincidencia) que no se iba consumía mi porcentaje de agua. Tengo vagos recuerdo de eso, en primera por la edad y en segunda porque estuve muy grave, pero recuerdo que las personas me iban a visitar, me dieron un par de regalos y muchos globos y cartas.
            Cerca de un mes antes de que cumpliera tres años nació mi hermano Johannes Rommel, el 17 de enero del 2002, a quién de hecho esperaban mucho, o al menos eso creo porque mi mamá supo de su existencia cuando mi hermano solo tenía menos de cinco días dentro de su barriga.
            No fui a un maternal, pero si al “Jardín de Niños Royal” un bonito lugar donde fui Santa Claus, ángel, flor en el desfile de primavera, escribí un cuento que está en el libro “Ellos también cuentan” y me robaron un beso.
            Aunque mi pequeña familia ya tenía sus problemas, como todas no fue hasta el año en el que entré a primer de primaria cuando la bomba explotó, un 18 mayo del 2015 mi papá se fue de la casa, dejando aquí a mi hermano, mi mamá y a mí solos.
            MI primer año en la escuela primaria “Ing. Pastor Rouaix T.M.” fue malo. No entregaba tareas, ni hacia los trabajos, ni nada. Reprobé el primer bimestre y mandaron a traer a mis papás, y prometí ser la mejor. Lo cumplí.
            Pero en mi casa mi mamá entró en depresión, se enojaba por cualquier cosa y lloraba amargamente a todas horas con la foto de mi papá entre sus brazos y arrinconada en una esquina. Nos pegaba. Explotaba incluso porque hubiésemos perdido un lápiz. Mi hermano lloraba y yo abrazaba a mi mamá, le decía de una y mil maneras cuanto la queríamos, cuanto la amábamos, cuanto necesitábamos de ella. No importaba si nos pegaba, la amábamos. Escribía cartas, tarjetas, hacia dibujos, cantaba, la abrazaba y no lloraba para darle fuerzas. Las necesitaba, me necesitaba, necesitaba a mi papá. Lo necesitábamos todos.
            Eso me hizo fuerte, dura, resistente.
            Duro cerca de dos años, la depresión y demás pusieron a mi mamá en una silla de ruedas, no podía caminar. En el seguro le dijeron que así se quedaría para siempre. Pero ella no se dio por vencida. Alguien nos recomendó un fisioterapeuta y en 6 meses volvió a caminar.      Después mi mamá entro a trabajar y todo se normalizó, yo iba bien en la escuela, mi hermano genial en el kínder y mi abuela nos cuidaba.
            En tercer año mi mamá enfermó. En una operación extrajeron su matriz y poco después le diagnosticaron cáncer de mama maligno-invasor. Dejó de trabajar en la empresa donde estaba y puso un negocio de memelas (muy sabrosas) donde gracias a las ganancias y al apoyo de familiares, amigos y conocidos pudimos pagar su tratamiento y su operación.
            En cuarto año me gane un viaje a Amecameca y fui con mi mamá, conocimos el museo de los volcanes y nos tiramos de la tirolesa dos veces, nos subimos en las lanchas y nos regalaron un pino que por descuido dejé que secara pero que era se supone para navidad.
            En quinto año mi mamá comenzó su tratamiento de quimioterapia y radioterapia en Puebla; se estableció ahí en casa de unos familiares y nos cuidaban varios tíos.
            El 5 de Agosto del 2010 a las 5:45 de la mañana murió.
            En sexto grado comencé a fallar de nuevo en la escuela pero para eso ya me había ganado un viaje para ir a Los Pinos y visitar El Zoológico de Chapultepec. Después a final de año como viaje de fin de curso fuimos a Tula, Hidalgo y probé los pastes. Era un viaje de padres e hijos, pero la economía no alcanzaba para que mi abuela fuera conmigo.
            Al terminar el año, como a la tesorera del salón le sobró dinero nos organizó una convivencia en Angelotti (cuando eran buenas pizzas) y ahí me despedí de la mayoría de mis compañeros. Pero de mis mejores amigas no. Esas chicas que aun a esa edad me apoyaron como nunca, Sheyli y Neri fueron las mejores personas con las que me pude cruzar.
            Cuando terminé la primaria tenía totalmente claro en qué secundaria quería estudiar, no por su prestigio o cualquier cosa sobre su educación, yo quería estar en la secundaria Ing. Jorge L. Tamayo porque quería estar en sus actividades extraescolares (banda de música, mariachi o bastoneras). Ese era mi gran propósito, pero no. Fui a esa escuela pero no estuve en nada, mi economía no lo permitía.
            En segundo año concurse en Talentos en Física BUAP, fui varias veces a Puebla por mis exámenes; y también nos aplicaron la prueba ENLACE, ese año fue un poco estresante por todo lo que tenía que estudiar, conocí a un alumno de intercambio (España) que estaba becado y vino a México para elaborar un telescopio por parte del proyecto en el cual cada escuela podía inscribirse y venir aquí a tomar el curso y elaborar ellos mismo su telescopio. Mi secundaria se inscribió hasta el otro año, asi que ya no pude participar en ese proyecto. Lástima.
            También, mi abuela quién me cuido por tanto tiempo nos preparó una gran comida, así, de la nada. Estaba el hermano de mi mamá, mis primos, mi hermano, otro tio y yo, comimos y nos reímos como nunca. El día siguiente 1 de Julio del 2013 la vi morir. En la madrugada oí un grito de dolor desgarrador, mi abuela acostada en la cama se agarraba la cabeza y en un instante la soltó, tenía los ojos abiertos y respiraba, pero ya no estaba aquí. Infarto cerebral.
            Me mudé con mi papá y su nueva familia donde conocí a un angelito (aunque a veces muy traviesa), mi hermana Karen Ohana que acaba de cumplir cuatro años.
            En tercer año, después de tantos exámenes y esfuerzo del año anterior, mi profesor de Física me dio la noticia de que obtuve ¡Tercer lugar a nivel Nacional! Y fuimos a recibir nuestro reconocimiento y un Paquete BUAP (chamarra de la escuela y un libro). También, poco después de eso, la dirección me mando a traer para decirme que gracias a mis excelentes resultados en la prueba ENLACE del año anterior, el Gobierno del Estado de Puebla me regalaba una computadora portátil. Mi papá y yo fuimos a Puebla para recibirla y escuchar el discurso del gobernador. Ese fue mi mejor año.
            Al terminar la secundaria me llevé en el corazón a unas excelentes personas como mi mejor amiga Carmen, la Profesora Albina López Gómez a quién admiro y respeto mucho, pues fue la mejor maestra de Español que pude haber tenido y por ser el mejor ejemplo de neutralidad, profesionalismo y conocimiento que pude encontrar en un maestro. También al practicante (ahora Profesor) que todo el tercer grado me contagio su ánimo de conocer el pasado de mi país y del mundo, compartiendo ambos datos curiosos sobre la historia y también ideales, hoy todo un padre de familia y lleno de motivaciones.
            La mayoría de mis compañeros ya sabían en que escuela iban a continuar sus estudios, yo no.
            Un día mi papá llegó y me dijo que tomara lápices y goma porque hoy era mi examen de admisión. ¡Qué! Ni siquiera pude analizarlo. Además a la escuela en la que iba a hacer el examen no me gustaba, más que nada por el horario. Pero ya cuando empezaron las clases fui adaptándome y conociendo a mis compañeros, los vi fresas y raros, además de que temía por mi vida (broma), yo venía de la “Tamayo” y aquí la mayoría era de la “ESHI”,  sobreviví.
            Pero con el tiempo los fui conociendo, porque como dice Richard Bach “El odio es el amor sin los datos suficientes”, y no lo digo porque los odiara, la esencia de esta frase para mi es que hasta que conoces a la persona puedes llegar a valorarla y quererla, convivir.
            Actualmente vivimos juntos mi papá, mi hermano y yo en la casa en la casa de mis tíos maternos, mi hermana nos visita y se queda a pasar la noche los fines de semana. También curso el segundo grado en el Bachillerato General Oficial “Héroes de la Independencia” donde me gusta mucho.
            Una parte muy importante de mi vida en este momento es que pude recomendar el libro “Persona Normal” del gran escritor Benito Taibo, y ahora muchas personas lo están leyendo y les está gustando. Hable con el autor y está muy feliz, me dio sus datos por si alguien de mis compañeros quisiera decirle algo. Ojalá y esto logre que el escritor nos visite.

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